Avina
20 Años

Responsabilidad Social Empresarial: del concepto a la acción

Contexto: De la caridad a la responsabilidad

 

A la tradición filantrópica de donaciones basadas en valores éticos, morales o religiosos, provenientes de patrimonios personales, que eran destinadas a la acción social o de promoción artística, se fueron sumando, hacia mediados del siglo XX, las empresas preocupadas por el impacto social y ambiental de sus procesos productivos.

Fue el inicio de la década del 90 que eso se bautizó como Responsabilidad Social Corporativa o Empresarial (RSE), un modelo de negocios basado en objetivos económicos a largo plazo, coherente con un uso sostenible de los recursos naturales, con respeto por la dignidad humana y los valores de cada comunidad, que busca generar una transformación social positiva.

A medida que el concepto fue madurando, la RSE pasó a considerarse parte integral de las empresas. Así, a la “inversión social” se sumaron otras áreas o dominios como la gestión ambiental, las prácticas laborales y la gobernanza.

La Cumbre de la Tierra en Río de Janeiro, en 1992, dio impulso a la RSE, cuando el empresario y filántropo Stephan Schmidheiny fue convocado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para coordinar un grupo de líderes del sector privado —sobre todo de multinacionales—, dispuestos a trabajar juntos por sociedades más sostenibles.

En ese escenario se formó el Consejo Empresarial Mundial para el Desarrollo Sostenible (WBCSD, por sus siglas en inglés). Su consigna es que “no puede haber empresas exitosas en sociedades fracasadas” y su misión es lograr un desarrollo económico que “cree más valor con menos impacto socio-ambiental”.

La promoción de la RSE forma parte del ADN de Avina, ya que su promoción, fue una de las primeras iniciativas que impulsó.

Intervención: detección de líderes y trabajo en red

 

La intervención de Avina en América Latina consistió en promover la RSE a través de apoyo económico, asesorías profesionales, producción de material académico y el incentivo de la colaboración entre sectores para lograr un trabajo articulado y en red.

Entre las estrategias a las que se recurrió para promocionar la RSE se generaron iniciativas locales y regionales, se apoyaron empresas y empresarios, se colaboró con organizaciones de la sociedad civil dedicadas a la sostenibilidad y a la RSE, y se identificaron comunicadores, medios de comunicación e instituciones académicas para que promovieran la temática.

En paralelo, conceptos como “sostenibilidad”, “ecoeficiencia” y “ciudadanía corporativa” empezaron a tomar fuerza. Y las alianzas se multiplicaron sobre la propuesta de “pares que convocan a pares”.

En la primera década de este siglo, el “desarrollo sostenible”, como concepto más abarcador que la RSE, que la incluye, pasó a formar parte del lenguaje empresarial latinoamericano y comenzó a incluirse entre los objetivos para la gestión y la toma de decisiones. Así, se consolidaron las organizaciones sociales, empresariales y académicas dedicadas a la sostenibilidad, y de a poco se fueron desarrollando herramientas, estándares, indicadores y reconocimientos, primero internacionales y luego adaptados a la realidad local.

Entre 1999 y 2009, los años en que Avina convirtió a la RSE en una de sus estrategias centrales, apoyó a 160 organizaciones a través de 267 iniciativas en 15 países latinoamericanos, con una inversión total de 7.843.216 dólares.

En 2011, Avina publica el estudio En busca de la sostenibilidad. El camino de la Responsabilidad Social Empresarial en América Latina y la contribución de la Fundación Avina, para dar cuenta de las últimas tres décadas en materia de RSE, con foco en la evolución a nivel regional en los primero años del siglo XXI,

Transformación: evolución en marcha

 

Entre los impactos directos logrados por Avina se destacan casos como la Ley de Recursos Hídricos en Paraguay; el Sistema Nacional de Certificación de Leña en Chile; la creación del Consejo de Responsabilidad Social en Costa Rica, y la inclusión de recicladores en la política pública de la ciudad de Buenos Aires.

La mirada continental de una organización como Avina, con presencia en varios países latinoamericanos, aportó un plus en la tarea de integrar organizaciones de diversas latitudes y envergaduras, de viabilizar financiación internacional y de intercambiar experiencias que funcionaran como modelos a replicar que optimizaran el trabajo.

En los últimos 20 años, las empresas han comenzado a tomar conciencia sobre el papel que les cabe en las sociedades contemporáneas. La incorporación de conceptos como la eco-eficiencia, el triple resultado y los negocios inclusivos han transformado el fin último de la acción empresaria: ya no se trata sólo de privilegiar la rentabilidad económica sino de hacerlo en el marco de sustentabilidad y respeto por las comunidades que, de una u otra forma, son impactadas por las prácticas corporativas.