Avina
20 Años

Mercados inclusivos generan riqueza

Contexto: una respuesta a las necesidades urgentes

 

América Latina posee, por un lado, la mayor desigualdad del mundo en cuanto a distribución de la riqueza, y por otro, es considerada una economía emergente con una proyección de crecimiento importante.

El capital social formado en la última década en torno a la responsabilidad social empresarial fue desde donde se partió para imaginar y desarrollar nuevos productos y servicios dirigidos específicamente a la “base de la pirámide”.

Estimulados por las teorías del profesor Coimbatore Krishnarao Prahalad, más una escala de crecimiento del volumen de consumo y de los mercados internos, el escenario era favorable para fomentar iniciativas de inclusión socio-económica, desde los mecanismos propios del mercado.

El primer gran desafío para lograrlo era superar el enfoque tradicional de las empresas (maximizar las ganancias) para pasar a una mirada que tuviera en cuenta el beneficio de toda la cadena de valor, el triple resultado, que incluye a las personas de menores ingresos.

En 2006, una de las organizaciones globales que suele marcar tendencia para las grandes empresas, el Consejo Mundial de Negocios para el Desarrollo Sustentable (WBCSD, por sus siglas en inglés), comenzó a hablar de “negocios inclusivos en la base de la pirámide”. Había nacido un nuevo concepto que, a partir de entonces, se fue ampliando en alcance y multiplicando en sus prácticas concretas.

Intervención: Redes e innovación

 

Convocar a la reflexión, conformar un mapeo de actores estratégicos y consensuar una definición. Esos fueron los desafíos iniciales que se planteó Avina en relación con los negocios inclusivos. Armó un equipo con aliados estratégicos que representaran a distintos sectores como las organizaciones World Resource Institute (WRI), FUNDES y red SEKN (Social Enterprise Knowledge Network).

A partir de 2010 surgieron fondos de inversión de impacto que fomentaban la responsabilidad social y ambiental, como Angel Ventures México, Fondo Emprendedor, Inversor, Pymecapital, Sitawi, Inveror, Equitas, FIS, Equitas Ventures, Adobe Capital y Vox Capital. Otro ingrediente decisivo fueron las alianzas con aceleradoras: AGORA (Centro América), Aceleradora de Negocios Verdes (Colombia) o New Ventures (México). Para mostrar la dimensión, estos fondos de inversión de impacto en 9 países de América Latina, suman entre todos unos 50 millones de dólares, de los cuales Avina invirtió aproximadamente un millón.

Dado que las iniciativas se consolidaban surgió una nueva hipótesis dentro de Avina: ampliar la mirada y dirigirla hacia los mercados Inclusivos. La principal estrategia fue generar y fortalecer redes regionales, incubadoras, fondos de inversión y alianzas a niveles nacionales y regionales, para articular las iniciativas inconexas.

Avina se acercó al Programa Latinoamericano de Responsabilidad Social Empresarial (PLARSE). El desafío era identificar a las empresas que tuvieran mayor desarrollo de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) para empoderarlas en su rol de promoción de los negocios inclusivos.

Había un ecosistema favorable en América Latina. Se comenzaron a concretar alianzas, como por ejemplo el Growing Inclusive Markets, en Brasil, una alianza entre Avina, la Fundação Dom Cabral, el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y el Consejo Empresarial Brasilero para el desarrollo sustentable (CEBDS). Esta iniciativa trabaja en diversos frentes: genera conocimiento, desarrolla oportunidades de negocios y busca desarrollar oportunidades de inclusión en cadenas de valor.

Se desarrolló la alianza con Fair Trade Innovation a través de la cual Avina buscó promover mercados dinámicos donde funcionarios de los gobiernos colaboren junto a empresas, emprendedores, inversionistas y organizaciones en la identificación e implementación de negocios inclusivos.

Transformación: América Latina, el semillero inclusivo

 

Entre 2010 y 2011 se destinaron más de 100.000 dólares a proyectos de mercados Inclusivos que lograron consensuar distintas agendas, prioridades y visiones.

En números, las 217 inversiones en iniciativas y articulaciones de negocios inclusivos que realizó Avina en estos años generaron 100.000 empleos y una presencia en 13 países latinoamericanos. Las ventas de estos emprendimientos superan los 20.000 millones de dólares. A esto se suman 870 tiendas de barrio y 200 micro franquicias que generan aproximadamente 4.350 empleos directos e indirectos. Y los cien negocios que, por año, apoyan las redes de incubadoras y aceleradoras, para beneficiar a, por lo menos, mil personas.

Estas cifras marcan un inicio prometedor, una muestra del potencial que se puede alcanzar si se busca el beneficio de todos los involucrados en los procesos productivos. Tendrán que multiplicarse exponencialmente los negocios inclusivos, llegar a ser cientos de miles en todo el mundo, para que los mercados se comporten de manera justa y equitativa, y de esa manera cada ciudadano forme parte de un sistema inclusivo. Pero los casos y las cifras muestran que la transformación es posible.