Avina
20 Años

Fundación Ashoka, liderazgo potenciado

Contexto: una década que resultó bisagra

 

Hacia fines de los 80 y principios de los 90, según el país, se instaló en el mapa de los actores políticos, un nuevo sujeto colectivo: los emprendedores sociales. Hombres y mujeres que se animaban a invertir tiempo, recursos y energía por una causa que consideraban justa, dispuestos a resignar la seguridad de lo conocido por el desafío de crear algo innovador que tuviera en cuenta, como prioridad, el cuidado del planeta, la inclusión social y una ecuación sustentable.
Hasta ese momento, la perspectiva de los emprendedores sociales latinoamericanos era principalmente local, enfocada en las necesidades urgentes del entorno, con liderazgos más personales e individuales que institucionales. En este contexto, con la idea de que un emprendedor social se define como una persona capaz de identificar una problemática social y aplicar principios empresariales para organizar, crear y desarrollar un proyecto para el cambio social, desembarcó la organización internacional Ashoka en América Latina.

Intervención: una alianza win-win

 

La necesidad de construir sinergias era imperiosa cuando los fundadores de Avina y Ashoka, Stephan Schmidheiny y Bill Drayton, respectivamente, comenzaron su alianza organizacional. Ambos soñaban con descubrir un liderazgo innovador, proyectos sociales y ambientales que pudieran potenciarse, ampliar su escala, convertirse en sustentables y servir como modelos a replicar en otras latitudes.
Así, en tanto Ashoka iba detectando emprendedores que se sumaran a esta red de alianzas, Avina dedicaba esfuerzos a instalar en América Latina los conceptos de “emprendedor” y “emprendimiento social”, para posicionarlos como un actor imprescindible en los procesos de transformación social.
Ashoka denominó a los emprendedores que acompañaba como “fellows” (“compañero” o “socio”) y ese acompañamiento representaba un aval institucional para ellos, ya que los empoderaba para la búsqueda de recursos y aliados, mientras el intercambio y los encuentros frecuentes contribuyeron a optimizar el avance.
De esta manera, el programa de Ashoka fue creciendo hasta consolidarse una red global conformada por fellows de diversos rincones del planeta. El aporte de Avina para lograr presencia en distintos países, no sólo fue económico sino que incluyó el desarrollo de plataformas, la organización de reuniones y encuentros, y el apoyo técnico para las iniciativas. Esta conjunción de recursos permitió a Ashoka acceder a financiación de países desarrollados y multiplicar su alcance. Un caso emblemático fue su programa en Estados Unidos y Canadá donde, desde 2001, lograron continuar su labor sin necesidad de financiamiento por parte de Avina.

Transformación: cambio social y conceptos instalados

 

El proceso de alianza con Ashoka permitió a Avina contribuir con el crecimiento y expansión de más de 500 fellows de la región.
En números, entre 1994 y 2009, Avina ha invertido casi 30 millones de dólares (29.308.610 dólares, exactamente) en Ashoka y sus fellows, tanto en América Latina como a nivel global.
Esto hizo posible, en gran medida, que Ashoka lograra estar vinculada, en 2010, con más de 1.700 emprendedores sociales, de los cuales unos 700 trabajan en América Latina, y logran alta incidencia política.
La creación de la Escuela Latinoamericana para Actores Sociales, desarrollada por siete fellows de Ashoka, es otro ejemplo de avance del sector ya que ofrece un modelo alternativo de formación en liderazgo, dirigido específicamente a jóvenes emprendedores y constituye una plataforma innovadora para la creación de sinergias. En esta Escuela ya se han formado más de 600 jóvenes, entre 14 y 30 años, de 7 países.
Otro caso interesante es el del Programa Citizen Base Iniciative, de Ashoka, mediante el cual más de 2.500 emprendedores latinoamericanos se capacitaron para reformular sus proyectos de negocios y alcanzar la sostenibilidad. Entre ellos, 450 participaron en el Business Plan Trainings, de los cuales 120 resultaron finalistas para trabajar con tutores de negocios y 50 ganaron premios en efectivo para invertir en negocios sociales. Un caso es la financiación de Avina, de 45.000 dólares, que recibió el periodista David Bornstein para investigar y escribir el libro “Cómo cambiar el mundo”, donde relata la historia de varios emprendedores latinoamericanos que lograron concretar sus proyectos.
A lo largo de estos años, el apoyo de Avina a la tarea de Ashoka ha permitido que cientos de emprendimientos en la región liderados por referentes que fueron fortalecidos en sus capacidades, hayan impactado con sus iniciativas logrando un desarrollo más sustentable e instituciones más democráticas.


El emprendedor social Martín Guzmán de Venezuela se enfoca en el mejoramiento de la salud visual como derecho humano fundamental para los venezolanos.
Fotos © Diana Vilera
Ybrahinn Cordero da charlas a estudiantes de escuelas primarias y secundarias y rompe con las opiniones preestablecidas que fomentan la discriminación. Habla sobre discapacidad, diversidad de género y discriminación.
La emprendedora social colombiana Catalina Escobar empodera a madres adolescentes en situación de extrema pobreza.
Fotos © Sonia Velásquez
Curt Bowen, fellow de Ashoka en Guatemala, busca construir un cambio sistémico en la agricultura centroamericana.